La voz de lo divino

En una época en la que las voces femeninas apenas se escuchaban más allá de los muros del convento, Hildegarda de Bingen (1098–1179) alzó la suya con una fuerza que resonaría durante siglos. Abadesa, mística y visionaria, Hildegarda no solo dejó una huella profunda en la teología y la medicina medieval, sino que también se convirtió en una de las primeras compositoras documentadas de la historia de Occidente. Su música, impregnada de espiritualidad y belleza, trasciende el tiempo y revela una sensibilidad única hacia lo divino, lo humano y lo natural. En este artículo exploraremos el universo sonoro de Hildegarda: sus composiciones, su estilo musical y el legado que aún inspira a músicos, estudiosos y oyentes contemporáneos.
Hildegard von Bingen nació en Alemania en el seno de una familia noble, siendo la menor de diez hermanos. A los 14 años, sus padres decidieron entregarla al convento benedictino de Disibodenberg, donde recibió formación en griego, liturgia, música y ciencias naturales. Bajo la guía espiritual de Jutta de Sponheim, también adoptó una estricta disciplina ascética.
A los 18 años tomó los hábitos benedictinos. En 1136, tras la muerte de Jutta, Hildegard asumió la dirección del convento y, en 1150, trasladó a su comunidad a Rupertsberg. A los 42 años experimentó un episodio de visiones profundas, durante el cual recibió lo que interpretó como una misión divina: transmitir su comprensión religiosa.
Con la ayuda de tres secretarias, comenzó a escribir no solo lo que veía, sino también lo que oía. Su primer libro, Scivias, obtuvo el respaldo canónico, lo que le permitió establecer vínculos con figuras políticas y eclesiásticas de su tiempo.
La música ocupó un lugar central en su vida, obra y pensamiento. Hildegard concebía el canto de alabanzas como una práctica mediadora entre el ser humano y la divinidad, capaz de renovar la condición edénica del alma. Para ella, el alma era “sinfónica”, y el canto humano un eco de la armonía celeste.
Además, consideraba que la música tenía un poder transformador, tanto personal como colectivo, y la entendía como una forma de cohesión social en una época marcada por las cruzadas. Entre sus obras musicales destacan el drama moralizante Ordo Virtutum y las canciones de la Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales, ambas con letra y música de su autoría.
Su legado incluye una trilogía visionaria (Scivias, Libro de los méritos de la vida y Libro de las obras divinas), escritos médico-naturalistas, un extenso epistolario, una Lingua ignota y sus composiciones musicales. También produjo textos teológicos, botánicos y medicinales, convirtiéndose en una de las escritoras más prolíficas de la Baja Edad Media. Sus obras visionarias destacan por el uso de alegorías y símbolos poco comunes para abordar temáticas ético-religiosas.
Hoy, Hildegard von Bingen es reconocida como Santa por la Iglesia Católica, y su figura sigue inspirando por la profundidad de su pensamiento, la riqueza de su obra y su singular visión del mundo.
Bibliografía:
Olivero, Silvia; Compositoras, Pinolia 2025
Creadoras de Música. Instituto de la mujer Madrid 2009
Música Antigua: https://musicaantigua.com/la-inspiracion-musical-de-hildegard-von-bingen/
