Hay una línea entre el amor y la fascinación
Es difícil de ver en una noche como ésta
Porque ambos provocan exactamente la misma sensación
Cuando estás perdido en la magia de un beso
Extracto del standard “My Foolish Heart”.
Una tarde cualquiera entre semana, hace 15 años, se me ocurrió buscar pianistas de jazz por internet. Literalmente, puse “el mejor pianista de jazz” en el buscador, y el primer nombre que apareció fue Bill Evans. Su interpretación de My Foolish Heart me hechizó completamente. Con el tiempo, cuanto más descubrí pianistas de este género, más me reafirmé en que aquel día internet no se equivocó.
Aquel descubrimiento conectó con algo que ya intuía desde mis primeros años de estudio: desarrollar la capacidad de improvisar es esencial en nuestro instrumento. Por eso quiero compartir con vosotros el documental en el que Bill es protagonista: “El proceso creativo y el autoaprendizaje”, una entrevista dirigida por su hermano Harry donde reflexiona sobre su arte.
A pesar de su enorme influencia, Bill no quería que otros pianistas sonaran como él. Defendía algo mucho más interesante: comprender la música para que cada uno pudiera encontrar su propia voz. Bill explica cómo la improvisación se fue perdiendo en la música clásica y cómo resurge gracias al jazz. Para él, el jazz no es solo un estilo, sino un proceso creativo espontáneo. Como bien nos señala: “Dialogamos, en sentido absoluto, sobre nuestros estados de ánimo”.
Cuando improvisamos, necesitamos estar atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor: con quién tocamos, dónde estamos, qué está pasando musicalmente… Y al mismo tiempo, no tenemos tiempo para pensar demasiado: ya estamos dentro del instante de música que debemos llenar. Nuestro protagonista nos señala que lo emocionante de grabarse es poder escucharse después y sorprenderse de lo que uno ha creado en ese momento.
Para practicar la improvisación, los músicos utilizan standards, canciones conocidas que sirven como punto de partida. Sobre ellas podemos experimentar con la melodía, los acordes y los instrumentos, y jugar con los solos y los estilos. En el documental, vemos cómo Bill primero toca la melodía con la armonía básica, y luego va añadiendo su propia interpretación, dejando que su lenguaje personal aparezca poco a poco. El reto del músico de jazz es alterar ritmo, armonía y melodía al mismo tiempo, y ahí reside la belleza de la libertad creativa. Para nosotros, esto es un ejemplo de cómo la práctica diaria y la exploración constante nos dan vocabulario musical para poder expresarnos en el momento, con nuestras manos y nuestra mente.
Para terminar este blog, quiero compartir contigo una de mis citas favoritas de este pianista que resume muy bien su filosofía como músico:
“Sigue buscando ese sonido que escuchas en tu cabeza hasta que se convierta en realidad.”
Si te ha gustado este artículo, seguro que vas a disfrutar escuchando estas interpretaciones que te dejo aquí.
¡Te leo en comentarios! =)