Marianne von Martinez

La sinfonía oculta entre las sombras del Clasicismo

Retrato de Marianne von Martinez, por Peter Anton Lorenzoni

Marianne von Martínez fue una de las compositoras más notables del siglo XVIII y una figura clave para comprender la participación femenina en el desarrollo del Clasicismo vienés. En un contexto musical dominado casi exclusivamente por hombres, logró construir una carrera sólida como compositora, intérprete y pedagoga, gracias a una formación excepcional y a su cercanía con algunas de las personalidades más influyentes de la música europea de su tiempo. Su legado, durante décadas olvidado por la historiografía tradicional, es hoy objeto de una creciente revalorización dentro de los estudios musicológicos y la práctica interpretativa.

Marianne nació en Viena el 4 de mayo de 1744 y fue bautizada con el nombre de Anna Catharina. Era hija de un militar español al servicio del Imperio austríaco, lo que le permitió crecer en un entorno culto y cosmopolita. Tras la muerte de su madre, el poeta y libretista Pietro Metastasio —figura central de la ópera seria del siglo XVIII— asumió la tutela de Marianne y de su hermana. Esta relación fue determinante no solo en su educación general, sino también en su temprana exposición a la música, la literatura y las lenguas, elementos fundamentales en su posterior desarrollo compositivo, especialmente en el ámbito vocal.

Su formación musical fue extraordinaria incluso para los estándares de la Viena ilustrada. Recibió clases de clave y composición de un joven Joseph Haydn, con quien compartió años de convivencia en la casa de Metastasio. Estudió canto con Nicola Porpora, uno de los pedagogos vocales más influyentes del siglo XVIII, y perfeccionó sus conocimientos de contrapunto y composición con Giuseppe Bonno, compositor de la corte imperial. Esta combinación de influencias se refleja en una escritura que conjuga claridad formal, rigor contrapuntístico y una notable sensibilidad melódica.

Desde una perspectiva pedagógica, la obra de Marianne von Martínez resulta especialmente valiosa para el estudio del lenguaje clásico. Su producción abarca música sacra, obras vocales profanas, sinfonías y sonatas para teclado. En la música sacra —género en el que destacó de manera sobresaliente— demuestra un dominio de las grandes formas litúrgicas, el tratamiento coral y la escritura orquestal. Obras como la Misa en do mayor o el oratorio Isacco figura del redentore constituyen ejemplos idóneos para analizar la transición entre el estilo galante y el clasicismo pleno, así como la relación entre texto y música.

Sus sonatas para teclado, por su parte, son especialmente recomendables en el repertorio didáctico de conservatorio. Presentan una escritura clara, idiomática y equilibrada, ideal para el estudio de la forma de la sonata clásica, el fraseo clásico y la articulación estilística en instrumentos de tecla. Las sinfonías, aunque menos conocidas, permiten abordar cuestiones de forma, orquestación y retórica musical propias del clasicismo vienés.

Estilísticamente, Marianne von Martínez se inscribe plenamente en el Clasicismo vienés, compartiendo rasgos estéticos con Haydn y Mozart, como la claridad formal, la simetría estructural y la expresividad contenida. No obstante, su música revela una voz personal, especialmente en el tratamiento vocal y en la sensibilidad lírica de sus líneas melódicas, probablemente influida por su estrecho contacto con la tradición operística italiana.

El reconocimiento de su talento en vida fue notable. La emperatriz María Teresa la consideró su compositora favorita y solicitaba con frecuencia su presencia en la corte para interpretar obras al teclado y cantar. En 1773 logró un hito histórico al convertirse en la primera mujer admitida en la Academia Filarmónica de Bolonia, una de las instituciones musicales más prestigiosas de Europa. Para su ingreso presentó el motete Dixit Dominus, obra de gran envergadura para coro, solistas y orquesta, que evidencia su dominio del contrapunto, la escritura coral y la arquitectura formal.

Además de su labor compositiva, Marianne von Martínez desempeñó un papel activo en la vida musical vienesa. Su casa fue un importante centro de encuentro intelectual y artístico, donde se celebraban veladas musicales con la participación de figuras como Leopold Mozart y su hijo Wolfgang Amadeus Mozart. Asimismo, fundó una escuela de canto orientada a la formación de cantantes de alto nivel, contribuyendo de manera significativa a la pedagogía vocal de su tiempo.

Marianne von Martínez falleció en Viena el 13 de diciembre de 1812, probablemente a causa de la tuberculosis. Aunque su nombre fue durante mucho tiempo marginado en los manuales de historia de la música, hoy su obra ocupa un lugar cada vez más relevante en programas educativos, investigaciones académicas y proyectos de recuperación del repertorio femenino.

Desde el ámbito histórico, el estudio de Marianne von Martínez no solo enriquece la comprensión del Clasicismo vienés, sino que también invita a reflexionar sobre las dinámicas de género en la historia de la música. Su vida y su obra constituyen un referente fundamental para el análisis histórico, estilístico y pedagógico, y un ejemplo de excelencia artística en un contexto social que imponía fuertes limitaciones a las mujeres compositoras.

Obras:

  • Cuatro misas (1760-1765). 
  • Cantatas: «Amor timido». 
  • Letanías: «Litania della Beata Maria Vergine». 
  • Seis motetes con instrumentos (1760-1768). 
  • Oratorios: «Isacco, figura del Redentore» (1782). 
  • Sinfonía en Do mayor. 

Bibliografía:

  • Creadoras de música; Instituto de la mujer; Madrid 2009
  • Olivero, Silvia; Compositoras; Pinolia, 2025

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